Por qué un diccionario gay del deseo y el fetiche para hombres

Nombrar el deseo es una forma de entenderlo. Este Fetichiario nace de la necesidad de poner palabras a aquello que, durante mucho tiempo, ha vivido entre silencios, culpa y etiquetas confusas dentro de la sexualidad masculina gay.

El origen de este Fetichiario

La mayoría de hombres gays descubre su deseo de forma fragmentada: retazos de porno, conversaciones a medias, términos aprendidos sin contexto y prácticas que excitan sin saber muy bien por qué.

Este Fetichiario surge como respuesta a esa fragmentación. No desde la teoría académica ni desde el morbo, sino desde la observación de cómo los hombres hablan —o no hablan— de lo que realmente les excita.

La importancia de nombrar el deseo

Aquello que no se nombra suele vivirse con confusión o vergüenza. Poner palabras al deseo no lo crea, pero sí permite entenderlo, contextualizarlo y decidir cómo vivirlo.

Muchos fetiches existen antes de conocer su nombre. Descubrir que aquello que te excita tiene un término, una historia y otras personas que lo comparten puede ser profundamente liberador.

Nota: Nombrar un fetiche no implica tener que practicarlo. El conocimiento no obliga a la acción.

Vacíos en la educación sexual masculina

La educación sexual tradicional suele centrarse en prevención, biología o reproducción, dejando fuera el placer, el deseo y, especialmente, las sexualidades no normativas.

En el caso de los hombres gays, estos vacíos se amplifican: muchas referencias llegan exclusivamente a través del porno, sin contexto emocional, histórico o relacional.

Fetiche no es sinónimo de problema

Durante años, la palabra fetiche se ha asociado a desviación, patología o “algo raro”. Este Fetichiario parte de una idea distinta: los fetiches son una forma específica de organizar el deseo.

Algunos son suaves, otros intensos. Algunos se viven en fantasía, otros en práctica. Ninguno define por completo a una persona.

El deseo masculino como territorio silenciado

El deseo masculino suele darse por hecho, pero rara vez se acompaña. Se asume que los hombres desean, pero no se les ofrece lenguaje ni espacio para entender cómo desean o por qué.

En los hombres gays este silencio es doble: por la represión histórica de la homosexualidad y por la dificultad de hablar de deseos que no encajan ni siquiera dentro de lo “aceptado”.

Fetiches, identidad y pertenencia

Para algunas personas, un fetiche es solo un estímulo. Para otras, se convierte en una parte importante de su identidad erótica, no porque las defina por completo, sino porque les ofrece reconocimiento y pertenencia.

Saber que otros hombres comparten un deseo similar puede romper la sensación de aislamiento y transformar la vergüenza en comprensión.

El papel del porno en la construcción del deseo

Para muchos hombres gays, el porno ha sido la principal fuente de educación sexual. No porque sea ideal, sino porque era lo único accesible.

El porno no crea el deseo desde cero, pero sí influye en cómo se organiza: qué se repite, qué se intensifica, qué se asocia al placer.

Por qué este Fetichiario no juzga

Juzgar el deseo no lo elimina. Solo lo empuja al silencio, al secreto o a la culpa.

Este Fetichiario parte de una idea clara: entender el deseo es siempre más útil que condenarlo.

Por qué un formato diccionario y no una guía

Este proyecto no está pensado como una guía lineal que deba leerse de principio a fin. El formato diccionario permite:

  • Entrar por curiosidad puntual.
  • Explorar conexiones entre términos.
  • Volver una y otra vez según cambie el momento vital.

A quién va dirigido este Fetichiario

Este Fetichiario está pensado principalmente para hombres gays y bisexuales que quieran comprender mejor su deseo, aunque puede resultar útil para cualquier persona interesada en la sexualidad masculina.

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